Este proceso formativo se consolidó como una experiencia transformadora que no solo
fortaleció las competencias tecnopedagógicas de los docentes, sino que también estimuló una
disposición crítica y creativa hacia la innovación educativa. Su valor radica en haber generado
condiciones para una apropiación significativa de la tecnología, orientada a enriquecer las
prácticas de enseñanza desde una perspectiva reflexiva, contextualizada y centrada en el
aprendizaje.
Uno de los hallazgos más relevantes fue el impacto positivo de la asignatura en la
percepción del uso de tecnología educativa. Este dato confirma lo planteado por García Aretio
(2017), quien sostiene que la formación docente en entornos virtuales debe ir más allá de la
capacitación técnica, promoviendo una apropiación crítica y contextualizada de los recursos
digitales. Los participantes no solo aprendieron a utilizar nuevas herramientas, sino que
reconfiguraron su mirada sobre la enseñanza mediada por tecnologías.
Asimismo, la apropiación del modelo TPACK como referente de diseño educativo
confirma su pertinencia como marco integrador para la innovación didáctica, uno de los aportes
más valiosos, porque permitió a los docentes integrar de forma estructurada el conocimiento
disciplinar, pedagógico y tecnológico. Esta mirada holística favoreció el rediseño de sus clases,
el uso más intencional de plataformas de gestión del conocimiento y una curaduría digital
ajustada a objetivos educativos concretos. Más allá de la adquisición de herramientas, se
promovió una reflexión crítica sobre el rol docente en entornos virtuales y la necesidad de
posicionar al estudiante como agente activo del proceso formativo. El reconocimiento de la
necesidad de articular saberes tecnológicos, pedagógicos y disciplinares fue recurrente en los
testimonios analizados, coincidiendo con lo planteado por Koehler y Mishra (2006) y Cabero
(2018).
La diversidad disciplinar de los participantes, si bien representó un desafío en cuanto a los
ritmos de apropiación tecnológica, también generó oportunidades valiosas de interaprendizaje
interdisciplinario. Este hallazgo refuerza los planteamientos de AdEl y Castañeda (2010) sobre
el valor de las TEP como tecnologías del empoderamiento y la participación.
Por otra parte, las dificultades enfrentadas por los participantes, tales como: el tiempo
limitado, la falta de experiencia previa y la sobrecarga de tareas, reflejan tensiones estructurales
comunes en programas de formación docente en línea (Cabero, 2018). Estos factores deben ser
considerados cuidadosamente en el rediseño de la asignatura, ajustando la carga académica,
personalizando los apoyos y ampliando los recursos disponibles.
Las recomendaciones formuladas por los participantes (como incluir cápsulas
audiovisuales, tutorías entre pares, espacios de práctica y flexibilización de entregas) se alinean
con las buenas prácticas documentadas en literatura reciente (Díaz-Barriga, 2021; Malpica,
2023). Su implementación contribuiría a optimizar la experiencia formativa y a ampliar el
alcance de los logros obtenidos.
Los resultados de esta sistematización validan la propuesta pedagógica de la asignatura e
identifican áreas de mejora que pueden fortalecer futuras versiones, al tiempo que aportan
evidencia empírica sobre los procesos de innovación educativa en contextos latinoamericanos.